Más allá del Grand Slam

Más allá del Grand Slam

Expediciones extraordinarias a los lugares más remotos del planeta

La exploración continúa

Después de completar el Grand Slam de viajes —193 países, ambos polos y el espacio la curiosidad no se detiene. Estos son los viajes a lugares donde pocos seres humanos han llegado, donde la naturaleza todavía domina y donde cada expedición revela algo nuevo sobre el mundo y sobre uno mismo.

Siberia, Rusia · 2026

Oymyakon: el lugar habitado más frío del planeta

En busca del lugar habitado más frío del planeta: −51 °C, la Carretera de los Huesos y un viaje hasta los límites de lo que la vida humana puede soportar.

Escribo esto mientras cruzo el Atlántico en un vuelo interminable entre Estambul y Bogotá, después de más de treinta horas de viaje.

Hace apenas unos días caminaba bajo −51 °C en Oymyakon, Siberia: el lugar habitado más frío del planeta.

−51 °C en Oymyakon, y eso era al mediodía
−51 °C en Oymyakon, y eso era al mediodía

El regreso ha sido brutal. Veintidós horas en carretera desde Oymyakon hasta Yakutsk, atravesando algunos de los paisajes más remotos de Rusia. Luego, siete horas de vuelo a Moscú. Cuatro más hasta Estambul. Y finalmente el salto transatlántico hacia América Latina.

Hay que estar, sin duda, un poco desquiciado para embarcarse en algo así.

Y, aun así, existen lugares en el mundo que despiertan una curiosidad difícil de explicar. Oymyakon es uno de ellos.

Perdido en la inmensidad de Yakutia, una remota república rusa en el corazón de Siberia, este pequeño pueblo ostenta un récord casi absurdo: en 1933 se registró allí una temperatura de −67.7 °C, la más baja jamás documentada en un asentamiento humano permanente. En invierno, temperaturas cercanas a los −50 °C no son una anomalía. Son simplemente parte de la rutina.

Es uno de esos lugares que la mayoría jamás ha escuchado, y muchos menos llegan a visitar.

Oymyakon, Yakutia
Oymyakon, Yakutia

En una de las fotos más memorables del viaje aparezco junto a Johnny Ward, uno de los nombres más reconocidos de la exploración contemporánea. Ha visitado todos los países del planeta y su historia ha sido ampliamente documentada, incluso por CNN en 2024. Coincidir en un destino así no es casualidad.

Oymyakon atrae a un tipo muy particular de persona: quienes sienten fascinación por los extremos. Entre nosotros hay trayectorias poco convencionales. Johnny ha escalado la montaña más alta de cada continente. Yo he estado en el espacio. Ambos hemos llegado también a los dos polos del planeta. Definitivamente, este no era el típico grupo de un tour organizado.

Con Johnny Ward en Oymyakon
Con Johnny Ward en Oymyakon

Llegar a Oymyakon implica atravesar una de las regiones más aisladas de Siberia. El acceso se realiza desde Yakutsk, recorriendo la Kolyma Highway, mejor conocida como la Road of Bones. El nombre no es metafórico.

Durante la era de Stalin, miles de prisioneros de los gulags fueron obligados a construir esta carretera en condiciones inhumanas. Muchos murieron durante los trabajos forzados y, según la historia local, sus cuerpos quedaron sepultados bajo el mismo camino.

Hoy, la carretera atraviesa una tundra inmensa y silenciosa donde la presencia humana parece casi accidental. Bosques congelados. Ríos inmóviles. Horizontes interminables. Un paisaje que no solo impresiona: impone respeto.

La Road of Bones, la carretera de los huesos
La Road of Bones, la carretera de los huesos

Cuando llegamos, la temperatura marcaba −51 °C. Y eso era al mediodía.

Pocas personas experimentan un frío así a lo largo de su vida. El aire no solo enfría: agrede. El vapor del aliento se cristaliza instantáneamente. Las pestañas se cubren de hielo en cuestión de segundos. Los teléfonos dejan de funcionar después de unos minutos expuestos al exterior. Y por la noche, las temperaturas descienden todavía más.

En el pueblo viven apenas unas trescientas personas. Las calles permanecen casi vacías y todo ocurre a un ritmo lento, condicionado completamente por el clima.

Nos alojamos en casa de una familia local y fue allí donde entendí algo esencial sobre la vida en Oymyakon: nada se detiene. Todo simplemente se adapta.

Toda la región descansa sobre permafrost, una capa de suelo permanentemente congelado que se extiende a gran profundidad. Incluso cuando la superficie se suaviza ligeramente durante el verano, el subsuelo permanece sólido como piedra. Esa condición define absolutamente todo: la arquitectura, la infraestructura y la manera misma en que las personas habitan el territorio.

Visitando el permafrost
Visitando el permafrost

Uno de los símbolos más curiosos de Yakutia es el “Keeper of the Cold”, una figura del folclore local que, según la tradición, custodia el frío extremo de la región.

También visitamos el monumento que marca las temperaturas históricas registradas en la zona. Allí nos tomamos una fotografía mientras exhalábamos aire helado frente a nosotros, observando cómo el vapor se congelaba casi instantáneamente.

El Guardián del Frío
El Guardián del Frío
Frente al monumento de la temperatura más baja registrada
Frente al monumento de la temperatura más baja registrada

Hay momentos que simplemente no parecen reales. Pero quizás lo que más desconcertó a nuestros guías fue mi rutina matutina: cada mañana salía a caminar en Oymyakon a −50 °C. Nunca lograron entenderlo. Y siendo honesto, tal vez no haya mucho que entender. Pero existe algo profundamente estimulante en caminar en un lugar donde la naturaleza tiene el control absoluto. Donde uno deja de imponer condiciones y simplemente aprende a responder.

Caminata matutina a −50 °C
Caminata matutina a −50 °C

Se estima que menos de dos mil occidentales han llegado hasta Oymyakon. Eso le otorga al lugar una mística difícil de describir. Es uno de esos puntos del planeta que existen más como una idea que como una experiencia tangible para la mayoría de las personas.

Yakutia, en general, se siente como otro mundo. Un territorio vasto y remoto, con su propio idioma, su propia cultura y una geografía que parece desafiar cualquier noción convencional de normalidad.

Con nuestro guía en Yakutia
Con nuestro guía en Yakutia

Salir de allí, sin embargo, resultó ser otra aventura. La última noche en Yakutsk salimos con el grupo y, cuando desperté a las cinco de la mañana, descubrimos que nuestro vuelo a Moscú había sido cancelado. No había mucho tiempo para pensar. Agarré mi mochila y salí directamente hacia el aeropuerto junto a una compañera del viaje. Contra todo pronóstico, conseguimos los dos últimos asientos en un vuelo de S7 Airlines.

En la Rusia actual, casi nadie habla inglés. Y debido a las sanciones internacionales, muchas transacciones solo pueden realizarse en efectivo. Por suerte, llevaba suficientes rublos para pagar ambos boletos. Mi maleta, sin embargo, se quedó en el hotel. El resto del grupo tuvo que permanecer veinticuatro horas adicionales en Yakutsk.

Yakutsk
Yakutsk

Ahora, mientras cruzo el Atlántico, sigo pensando en lo extraordinario que fue haber estado allí. Porque Oymyakon no es simplemente un punto helado en el mapa. Es uno de esos pocos lugares donde el planeta todavía se siente indomable. Donde la naturaleza impone las reglas y el ser humano apenas logra adaptarse a ellas.

El regreso a través de Yakutsk
El regreso a través de Yakutsk

Un lugar remoto. Misterioso. Extremo. Y precisamente por eso, inolvidable.